Arranca la temporada de excavaciones y con ella, un tiempo de reencuentros, esfuerzo compartido y mucha tierra.
Estar en una excavación en verano no es solo una decisión profesional: es también un acto de entrega personal y familiar.
Detrás de cada persona que excava, hay un entramado invisible de apoyo: abuelos que ayudan con la conciliación, hijos que corretean entre cuadrículas, parejas que reorganizan agendas y vacaciones para que esto sea posible.
Excavar es reconstruir historias pasadas, sí… pero también es construir una historia presente. Una que habla de compromiso, comunidad y del valor de quienes sostienen, acompañan y creen en lo que hacemos.
Gracias a todas las familias que hacen esto posible, año tras año.